Aprendizaje emocional

Lamentablemente estamos acostumbrados a ver y oír muchos actos violentos, ya no les damos importancia, parece que solo nos afectan cuando ocurren en lugares cercanos o a personas más o menos conocidas, de nuestro entorno cultural; cuando deberían afectarnos siempre igual, ya que siempre son acciones destructivas y todas las personas valemos lo mismo, tenemos la misma dignidad.

Este acostumbramiento sucede con todo lo que se repite con una cierta frecuencia. Si un día al llegar a casa nos encontramos en la mesa nuestro plato favorito, tendremos una sorpresa agradable; pero si resulta que a partir de entonces lo tenemos una vez a la semana, nos acostumbraremos, diremos: “hoy toca”, o incluso podemos cansarnos. Con los actos de violencia, aunque no sepamos qué día “toca”, ya no nos sorprenden, es uno más. Cuando ocurren cerca, reaccionamos; pero estas reacciones, ¿están orientadas a evitarlos?

Quizá deberíamos preguntarnos como es posible que las personas nos comportemos con violencia, llegando a despreciar la vida humana. La violencia es un mecanismo de defensa, queremos protegernos porque vemos amenazado algo muy valioso para nosotros: nuestra persona, nuestra familia, nuestra vivienda, nuestra cultura, etc.

Todas las personas, desde que nacemos, estamos continuamente aprendiendo de las personas que nos rodean. En las primeras etapas de la vida es muy evidente este aprendizaje, pero más adelante también aprendemos aunque no nos demos cuenta; todo lo que sucede a nuestro alrededor se va grabando en nuestro cerebro e influirá en nuestro comportamiento. Algunas personas habrán crecido en un ambiente en el que haya más violencia, entonces en su cerebro tendrán grabadas muchas imágenes de violencia y tenderán a comportarse de esta forma con más facilidad; también puede ocurrir que no hayan tenido muchos referentes de comportamientos amorosos, de los que se aprende a pensar en el bien de los demás.

Nosotros no podemos cambiar el aprendizaje que hayan tenido otras personas, pero si que podemos influir en el ambiente en el que nos movemos. Si antes de actuar pensamos en el bien de las personas que nos rodean, aprenderemos a controlar nuestras emociones y podremos reprimir pequeñas “violencias“ que a veces nos salen sin querer, dañando a nuestros seres queridos; si todos pensamos en los demás, y procuramos promocionar a los que tenemos cerca, entonces tendremos una actitud constructiva frente a la destructiva de la violencia.

 

Artículos, ,

One Comment

Comentarios cerrados.