Controlar emociones

Cuando hablamos por teléfono ocurre un fenómeno curioso: nos olvidamos de nuestro entorno, estamos tan concentrados en esa conversación que nos parece que estamos solos con la persona con la que hablamos.

Cuando hablamos con una persona, además del lenguaje verbal, también utilizamos gestos, tanto con la cara como con las manos y estos contribuyen a transmitir más información. Por ejemplo, si estamos alegres, sonreiremos; si estamos tristes, estaremos serios; solemos hacer ademanes para indicar el tamaño de algo, etc. Si la otra persona la tenemos delante recibirá toda esta información, pero si la conversación es por teléfono no podrá vernos y solo recibirá nuestras palabras. Sin embargo, nosotros seguimos gesticulando como si lo tuviéramos delante.

Si la conversación telefónica es en nuestra casa, este hecho no tiene mucha importancia, estamos en la intimidad de nuestra familia; pero si hablamos en la calle o en un lugar público, las personas que tenemos alrededor son las que verán nuestros ademanes. Cada vez es más frecuente ver a personas que van solas por la calle pero van hablando en voz alta e incluso gritando, además de ir haciendo gestos exagerados, como por ejemplo lanzar puñetazos al aire u otras cosas por el estilo. Hace unos cuantos años, si veíamos a alguien así, pensábamos: “no está muy bien de la cabeza”; sin embargo, ahora ya lo vemos como una situación normal.

Decimos que las costumbres cambian pero, ¿no será que le damos menos importancia a la intimidad? No nos da vergüenza que nos vean hacer gestos extraños o incluso que oigan nuestras conversaciones. Quizá también estamos presos de la inmediatez, no podemos esperar ni un segundo para hacer esa llamada o decir a la persona que nos llama que la atenderemos al cabo de unos minutos. En cualquier caso, si procuramos que estas conversaciones sean un poco más íntimas también será una forma de estar más atentos con los que nos rodean.

Artículos,