Amor de madre

Que las madres quieren a sus hijos es algo que nadie lo discute; es más, se suele poner el amor de madre como ejemplo de un gran amor. Pero, los hijos ¿siempre quieren a sus madres? ¿es el amor filial algo innato?

El amor es una relación entre dos personas en la que hay un continuo intercambio, un dar y recibir entre las dos que se va alternando sin fecha de caducidad. Es un diálogo continuo.

Cuando una mujer tiene un hijo, inmediatamente se crea un vínculo muy fuerte entre madre e hijo. El hijo depende totalmente de ella, tiene que ser continuamente alimentado, limpiado, vestido… La madre, por su parte, se vuelca en sus cuidados: está pendiente de él a todas horas para darle de comer, cambiarle los pañales, lavarlo, procurar que no tenga frío ni calor, llevarlo al médico si hay que vacunarlo, hacer un seguimiento de su crecimiento o curar alguna enfermedad, etc.; y todo esto ya sea de día o de noche. Pero a la madre no le cuesta mucho esfuerzo; es más, lo hace muy a gusto, incluso le causa placer. Esto es debido a que la naturaleza ya tiene prevista esta entrega que tiene que realizar la madre: cuando una madre ve a su hijo pequeño, se activan unos circuitos cerebrales que segregan una hormona (oxitocina) que produce un cierto placer en ella, facilitando así todos los cuidados que requiere el bebé[1]. Da la casualidad que estos circuitos son los mismos que se activan durante el enamoramiento.

De momento hemos visto que la madre solo da y el hijo solo recibe, todavía no es una relación amorosa entre ellos. La madre (y el padre) tendrá que esperar unos años para empezar a recibir alguna sorpresa de su hijo. ¡Qué ilusión hace cuando el hijo te regala un dibujo o unas flores que ha recogido en el campo!

Estas sorpresas son iniciativa del hijo y ya son una señal de que está aprendiendo a dar, está madurando y aprendiendo a amar. Que aprenda más tarde o más temprano a relacionarse dando y recibiendo depende de las relaciones que vea a su alrededor, más que de todos los cuidados y atenciones que reciba. Estos le van a ayudar a crecer sano, tranquilo y confiado, pero las relaciones de sus padres, hermanos u otras personas que tenga a su alrededor serán las que le ayudarán a aprender a relacionarse y a madurar. Aunque nos duela, los hijos no nos quieren nada más nacer, tenemos que enseñarles nosotros a amar; y no hay mejor maestro que aquél que enseña con el ejemplo.

[1]“The neural correlates of maternal and romantic love”. Andreas Bartels and Semir Zeki.  NeuroImage 21 (2004) 1155-1166

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2 Comments

  1. Potser podríeu concretar com han de ser aquestes relacions i exemples dels pares, germans, avis… Com convinar estimació i exigència.
    Mquel Navarro i Oriach

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