Confianza en los hijos

Hace unos cuantos años en algunos bares se podía ver colgado un letrero que decía “aquí, no se fía”. El dueño del bar quería dejar claro que no estaba dispuesto a correr ningún riesgo y dejar de cobrar alguna consumición. Si el cartel estuviera puesto en sentido contrario, “aquí, se fía”, entonces en esos establecimientos los clientes habituales podrían tomar una consumición y pagarla otro día; si el dueño del bar los conocía, tendría la tranquilidad de que cobraría, aunque corría el riesgo de llevarse una sorpresa ya que la única seguridad que tendría era la buena fe y la buena opinión que podía tener de esa persona, lo creería digno de confianza.

Todos necesitamos confiar en la gente con la que nos relacionamos ya que si no, no estamos tranquilos. Cuando no nos fiamos de alguien estamos inquietos porque no estamos seguros de que su comportamiento sea acorde con lo que esperamos de él o ella, ya sea porque nos debe dinero y tememos que no nos lo devuelva, porque creemos que nos puede hacer quedar mal delante de alguien, porque puede que no guarde un secreto, etc.

Los niños son el prototipo de personas confiadas. Suelen jugar tranquilos y contentos porque no tienen preocupaciones, saben que tienen cerca a sus padres u otras personas que se ocupan de ellos y tienen la certeza de que si les pasa algo, como por ejemplo una herida o un problema con un juguete, se lo van a solucionar. Esto es debido a que desde que nacen (totalmente indefensos) siempre tienen a alguien que les cubra sus necesidades y se preocupe por ellos, todavía no tienen experiencias de dejar de ser atendidos o de ser “traicionados”.

A medida que crecen serán personas más o menos confiadas dependiendo de las relaciones que tengan a su alrededor. En un ambiente en el que abunden las relaciones donde hay alternancia entre dar y recibir, aprenderán que hay penas y también consuelos, equivocaciones y rectificaciones, errores y aciertos, heridas y perdones, etc. y esta alternancia les dará la seguridad y esperanza de recibir lo que necesitan, aunque no sea de inmediato. Se fiarán de sus padres, hermanos, profesores, amigos…

Pero tan importante como aprender a ser personas confiadas es saber que se fían de nosotros. A veces los padres no nos fiamos mucho de los hijos, por miedo a que cometan errores que luego tengamos que reparar o pensando que no son capaces de hacer algo, pero cada vez que les impedimos hacer algo por falta de confianza es un escollo que ponemos en su maduración, quizá estamos ralentizando su aprendizaje.

La confianza se adquiere en una relación gracias a un diálogo continuo en el que ambas partes tienen un intercambio continuo de ideas, afectos y sentimientos; entonces, cada uno se fiará del otro, será una confianza recíproca propia de las relaciones amorosas.

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