Celebraciones y red afectiva

“¿Celebramos algo?” preguntó Pepe sorprendido al llegar a casa. Había tenido un día terrible en el trabajo, lleno de problemas, estaba agotado, de mal humor y solo deseaba irse a la cama temprano esperando que el día siguiente fuera mejor. Pero al abrir la puerta se llevó la sorpresa de encontrar un ambiente festivo: los niños no estaban en pijama y estaban poniendo la mesa para cenar todos juntos, con mantel y vajilla de fiesta, unas velitas y copas de vino para los padres. Lo primero que pensó fue “mi gozo en un pozo, nada de acostarme pronto”.

Enseguida todos empezaron a contarle el motivo de la celebración: un hijo muy tímido había sido capaz de preguntar en clase. “Menuda excusa más tonta, por este camino vamos a tener fiesta todos los días”.

Y ¿por qué no? Al cabo de un rato de estar todos en la mesa contando anécdotas del día ya no se acordaba de sus problemas, le hicieron reír las payasadas del más pequeño, empezó a interesarse por los exámenes del mayor y felicitó a su mujer por lo buenas que estaban la sopa y la tortilla “festivas”. Todos se fueron a dormir contentos después del buen rato pasado juntos, aunque el pequeño un tanto excitado.

Se había creado un buen ambiente, capaz de curar las heridas que causan las contrariedades, problemas, enfados…, diarios. Este buen ambiente facilita las relaciones entre todos los miembros de la familia, hace que sea más fácil interesarse por los otros y dejar de pensar un rato en uno mismo; sin darnos cuenta entramos en la dinámica de “dar y recibir” y vamos fortaleciendo la red afectiva, ese entramado de relaciones familiares, por el que circulan todos los afectos, que tanto ayudan a mantener un equilibrio afectivo.

Cuando intentamos tener un rato, si es posible diario, para estar juntos en un ambiente relajado y así fomentar el buen ambiente, es cuando la familia es un verdadero ecosistema afectivo. Igual que en la naturaleza es imprescindible un buen ambiente para que el ecosistema esté en equilibrio, la familia también lo necesita: sin él no pueden circular los afectos necesarios para alimentar las afectividades de todos sus miembros.

Si celebrar es realizar un acto festivo por algo que lo merece ¿hay algo que lo merezca más que curar las heridas afectivas diarias y fortalecer los vínculos familiares?

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