Proyecto familiar

Sucede en  nuestras vidas que el crecimiento de  nuestro amor no es continuo; es un conjunto de etapas. Encontramos temporadas de mucha ilusión, otras de rutina y otras de desencanto; lo importante es que en su conjunto crezca. Es como la marea en una playa, cada ola, con su ida y retroceso, deja un pequeño avance; si esperamos, vemos que al final la playa queda anegada por el mar. Entre las ilusiones y desencantos es necesario tener un proyecto familiar que nos invite a mantener la esperanza y perseverar.

En segundo lugar, porque no podemos estar pendientes de los centenares de hábitos que necesitan nuestros hijos. Necesitamos prefijarnos un estilo de vida para que cada día, llegada la noche, tengamos la tranquilidad de que, por el mero hecho de vivir de esa manera, lo estamos haciendo bien. El proyecto familiar es un marco de trabajo.

El tercer motivo es que tenemos que ver el proyecto como un indicador de la fidelidad que nos tenemos. Esta no se ciñe a no cometer torpezas dando pie a enamorarnos de otra persona, empieza por ser fiel al estilo de vida que nos hemos propuesto, y a los primeros síntomas de infidelidad debe corregirse.. Aunque el proyecto puede ir cambiando con el tiempo, como más lo definamos desde el principio, más indicadores tendremos de nuestra fidelidad más confianza tendremos uno en el otro.

Pasando al cuarto, vemos que muchas veces ocurre que cuanta más ilusión existe en el proyecto familiar, más dificultades encuentra, sobre todo entre la familia más extensa. Estos no es que se opongan, pero, como nos quieren, nos quieren retener, quieren que continuemos con la vida que llevábamos. Pero el nuevo matrimonio tiene nuevos caminos y anhelos: su amor. Un proyecto familiar nos ayuda a recordar que lo que convenía antes no conviene ahora, porque el amor es dinámico.

El quinto y último motivo es porque en un proyecto familiar se crean muchas y variadas oportunidades educativas. Definir nuestro proyecto nos ayuda no solo a no depender de nuestra familia más amplia, sino a no dejarnos llevar por las modas o corrientes en boga. Los hijos tienen que notar que los padres son críticos y buscan lo mejor, este espíritu crítico es una de las características del amor: buscar el bien común y la verdad.

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