Amor de pareja

Se llama amor a muchas cosas, pero no todas lo son. Hablamos de amor a nuestra pareja, a los hijos, a los padres, a los amigos, a una afición, al trabajo, a nuestro pueblo…, incluso de amor a nosotros mismos.

Lo que todos queremos es ser felices y, para conseguirlo, tenemos que llenar nuestra afectividad de imágenes gozosas. Estas imágenes son las huellas que van dejando en nuestro interior todo lo que hacemos y lo que hacen las personas con las que nos relacionamos; todo nos afecta.

El amor es una forma de relacionarnos y los afectos son las huellas que quedan en nuestro interior, creando un depósito que formará nuestra afectividad. Para ver cómo es una relación amorosa podemos imaginarnos una pareja de enamorados: él le puede dar a ella un beso, en este momento estará actuando de amante y ella de amada; después ella le puede responder dándole un abrazo, entonces se habrán cambiado los papeles, ella estará haciendo de amante y el de amado. Este intercambio de papeles entre amante y amado será continuo mientras dure esta relación, unas veces se realizará con palabras, otras con gestos o simplemente con una mirada, pero será un diálogo continuo.

En una relación amorosa siempre se da este cambio de roles entre amante y amado. Cuando ejercemos de amante estamos realizando algún acto con el que le decimos a nuestro amado que le amamos; cuando el amado nos responda con otro acto en el que actúa entonces de amante, nos está validando como amante, nos confirma que hemos sido un buen amante y que ahora pasa a serlo él (o ella). Aunque no seamos conscientes, cuando amamos estamos realizando este intercambio de papeles continuamente.

Ahora podríamos hacer el ejercicio de comprobar en cualquier “amor” de los tantos que se nombran si se da el cambio de roles amante-amado; entonces podremos distinguir lo que es amor de lo que no lo es.

Pongamos un breve ejemplo: se habla mucho de amor a una afición, pero si esta se practica en solitario es difícil encontrar el cambio de roles, ya que no hay relación con otra persona. La persona podrá disfrutar con esa afición y pasar un rato agradable, pero necesitará otra relación para llenar su afectividad. Si una persona, por ejemplo, es aficionada a escuchar música esta le provocará emociones placenteras, pero en ningún momento podrá hacer ni de amante ni de amado. En cambio, si la afición se comparte con otras personas, entonces puede haber una relación de amistad en la que sí encontremos cambios de roles amante-amado que colmen nuestra afectividad.

 

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