Juegos de mesa

Se acercan las Navidades, una época que, fomentado por la sociedad de consumo, hacemos regalos a los miembros de nuestra familia y a las personas queridas. Hacer regalos es una forma de expresar nuestro cariño a los que lo reciben, forma parte del lenguaje de los hechos y lo que buscamos es sorprender a la persona querida.  Para ello, previamente hemos estado pensando en ella, en qué le puede gustar, qué necesita, qué le puede ayudar dependiendo de su edad y actividad, etc., queremos que ese regalo le aporte un bien. Una vez hayamos decidido qué regalar, tendremos que hacer el esfuerzo de buscarlo, envolverlo de forma atractiva…, durante todo este proceso estamos disfrutando pensando en el momento de entregárselo: cuando hacemos un regalo entregamos mucho más que un simple objeto.

Los niños son los que esperan con especial ilusión los regalos, pero también son los que están más influenciados por los medios de comunicación y por las modas. Muchas veces los padres les decimos que “escriban la carta a los Reyes Magos” para saber qué regalarles, y esto no es malo, pero corremos el peligro de no pararnos a pensar si lo que están pidiendo es conveniente para ellos o no. Ellos lo que hacen es pedir lo que ven atractivo en los anuncios, lo que está de moda, lo que tienen la mayoría de niños de su clase, etc.

Si preguntamos a los niños en enero, muchos de los regalos recibidos suelen ser móviles, video-juegos, “tablets” y otros aparatos electrónicos: en fin, tecnología digital. Incluso a veces el que ha recibido regalos “tradicionales” es motivo de burla entre sus compañeros. Las nuevas tecnologías son herramientas muy buenas que facilitan mucho el trabajo y la comunicación, pero no olvidemos que también les podemos sorprender con algo que no hayan pedido, e incluso que no esté de moda.

¡Qué buenos ratos se pueden pasar en familia o entre amigos con un buen juego de mesa! En esos ratos vemos la cara que ponen los demás según la jugada, vemos las reacciones de los demás, nos tenemos que controlar si no queremos que descubran lo que estamos pensando, a veces hay risas o enfados…, todo esto crea unos vínculos que unen, ya sea a la familia o a los amigos, ayudan a conocernos mejor. Con las tecnologías digitales también podemos jugar, pero en general hay que estar tan pendiente de la pantalla que no prestamos atención a lo que pasa a nuestro alrededor, fomentan el individualismo.

A todos los padres nos gustaría fomentar la unión entre la familia y que nuestros hijos tengan buenos amigos con los que compartan alguna afición o deporte o que aprendieran a disfrutar leyendo un buen libro. Lo que ocurre es que tenemos que competir con unas tecnologías muy atractivas y rápidas: las imágenes que aportan los móviles y demás aparatos digitales son muy llamativas y cambiantes, no nos aburren; además no necesitamos esperar a nadie para conectarnos y empezar a disfrutar, en cualquier momento y lugar podemos hacer “clic”; los ritmos de vida que llevamos tampoco ayudan a pasar tiempo con la familia de una manera relajada y es muy fácil tener a los niños entretenidos con una pantalla.

Es un reto competir con las nuevas tecnologías. No se trata de desterrarlas, son buenas herramientas, pero no pueden sustituir a las relaciones humanas. El trato continuado, pensar en hacer la vida agradable a los que tenemos al lado, divertirnos juntos y superar, también juntos, situaciones difíciles: todo esto será lo único que nos ayude a nosotros y a nuestros hijos a crecer como personas.

 

(Artículo anteriormente publicado en la revista “Selección literaria” nº65).

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