Cooperación y pactos

(Foto: ©Manit Larpluechai123RF.COM)

 

Al llegar la adolescencia es habitual que los padres empiecen a pactar con sus hijos, sobre todo en relación a las salidas nocturnas con sus amigos: la hora de vuelta a casa, los días en los que se puede salir hasta bien entrada la noche o el lugar que se frecuenta.

En los pactos las dos partes suelen poner condiciones, una parte cede en algunos aspectos y la otra, en otros; una vez llegado a un acuerdo, los dos se comprometen a cumplirlo. Pero es cierto que ninguna de las dos partes suele estar satisfecha con el acuerdo: los padres ceden por no enfrentarse con su hijo y el hijo suele pensar que sus padres “están anticuados” y en cuanto pueda dejará de cumplir ese pacto.

A veces los pactos empiezan ya con los hijos pequeños: turnos para poner la mesa, tirar la basura u otras tareas domésticas. En este caso las condiciones solo las ponen los padres, pero muchas veces los hijos ya lo ven simplemente como algo que cumplir y no como una ayuda o un servicio a la familia, una cooperación.

Incluso los pactos pueden empezar antes de que nazcan los hijos: marido y mujer se reparten las tareas de casa, dejando bien claro qué hace cada uno y comprometiéndose a cumplirlo.

En todos los casos, suelen ser una fuente de conflictos cuando alguien deja de cumplir parte de su compromiso. Se ven como algo impuesto y a la larga cansan, porque no son actividades que nos satisfagan.

Hay una gran diferencia con la cooperación, donde las personas ayudan, prestan servicios, sabiendo que en otro momento ellos serán ayudados.

En una familia donde los padres actúan pensando en el bien de su cónyuge e hijos, sin “llevar cuentas”, lo normal es que los hijos aprendan a comportarse de la misma manera, crecerán acostumbrados a la alternancia. En estas familias lo normal será la cooperación, entendida como “yo te ayudo y tú me ayudas”; esto no excluye que los hijos quieran salir con sus amigos, pero no serán necesarios los pactos ya que la cooperación es un comportamiento que llena afectivamente y, por lo tanto, no cansa. Es un comportamiento ecológico, es la forma natural de comportamiento en la naturaleza.

En una familia donde todos sus miembros cooperan, todos tienen claro que de ellos depende el buen funcionamiento; saben que van todos en la misma barca, remando en la misma dirección.

 

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