Madre con hijo

Acabamos de pasar el primer domingo de mayo, fecha en la que tradicionalmente se celebra el día de la madre, en honor a todas las madres del mundo; aunque se celebra en diferentes fechas en algunos países. Es una celebración mundial porque en cualquier rincón del mundo encontramos mujeres que son madre y en ellas vemos siempre unas características comunes.

Además de cuidar a sus hijos algunas son costureras, otras cocineras, taxistas, economistas, barrenderas, enfermeras, psicólogas, nutricionista, vigilante…, y muchas son todo esto a la vez. El poder realizar todas estas tareas con los miembros de su familia no es mérito propio: es debido a su propia biología. Su organismo está hecho para albergar durante nueve meses a su hijo alimentándolo y estando pendiente de él aunque no se dé cuenta; cuando ese hijo nace se ponen en marcha otra serie de mecanismos biológicos para protegerlo y ayudarle a desarrollarse, como por ejemplo la subida de la leche materna o esa capacidad de discernir los sonidos y solo despertarse por la noche con los gemidos de su bebé. Todas estas características biológicas hacen que las mujeres tengan una propensión a volcarse hacia los demás, tienen más fácil que los hombres estar pendientes de lo que necesitan las personas que tienen a su alrededor.

Pero en esta celebración en honor de las madres no podemos olvidar que lo único necesario para ser madre es un padre. Cuando en una familia nace un hijo, este es fruto del amor de sus padres; la biología ayuda a su crecimiento físico, pero todos los cuidados y educación que recibirá a lo largo de su vida estarán movidos por el amor de sus padres, que permitirá completar la persona. Para crecer en madurez, o capacidad de amar, tendrá que alimentarse de las relaciones amorosas de sus padres y personas que tenga a su alrededor, necesitará ejemplos de esos cambios de roles entre amante y amado. Solo así podrá alcanzar un completo desarrollo como persona.

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