Los amantes no tienen miedo

El miedo es una emoción que nos paraliza o nos hace reaccionar de forma contraproducente. Por ejemplo, unos excursionistas van por la montaña y encuentran un río que tienen que cruzar, pero a uno de ellos le da miedo y no quiere cruzarlo, se queda parado y a los demás les cuesta convencerlo de que cruce con su ayuda. El miedo a caerse al agua (helada) lo ha paralizado. Otro ejemplo sería una persona que tiene miedo a los perros y, andando por la calle, se encuentra con uno de forma inesperada; entonces da un grito y se pone a correr, lo que hace que el perro empiece a perseguirlo. El miedo a que el perro le muerda le hace tener una reacción equivocada: si se hubiera quedado quieto, seguramente el perro habría pasado por su lado sin prestarle atención.

A veces ocurre en parejas o matrimonios jóvenes, en los que miedos o temores son obstáculos para que crezca su amor.

En algunos casos es un temor a no conseguir una posición profesional adecuada para sacar adelante a la familia. Se vuelcan los dos en su trabajo sin preocuparse de dedicar tiempo a cultivar su amor, pensando que cuando tengan el trabajo asentado ya tendrán tiempo para él.

Otras veces es el miedo a no ser aceptados en un ambiente determinado. Le dan más importancia a hacer planes sociales que a su relación. No es que los planes sociales sean malos, pero si queremos que una relación amorosa crezca no pueden sustituirla.

También puede ocurrir que una pareja que tiene varios niños pequeños se vuelque en su cuidado descuidando su amor; en este caso sería un temor a no ser buenos padres.

En todos estos casos se están dedicando a actividades buenas y que no se pueden dejar. Pero todas estas parejas piensan que solo es una temporada, que pasada esta podrán dedicarse a su amor. Lo que ocurre es que este tiempo suele alargarse y cuando llega resulta que no saben hacer de amantes. Durante esas temporadas hay que hacer un esfuerzo para dedicar tiempo para los dos.

Realmente vivimos en una sociedad muy competitiva y nos da miedo perder el trabajo si no dedicamos cada vez más horas, incluso del fin de semana o vacaciones, pero a veces es bueno plantearse si no sería mejor buscar otro más compatible con nuestro amor. Con los hijos nos pasa lo mismo, son muy absorbentes y nos necesitan, pero es muy bueno que en algunos momentos o incluso días dejemos que los cuide otra persona, para así poder estar juntos y relajados.

Si nos dejamos llevar por nuestros temores no dedicaremos suficiente tiempo a nuestra relación, a adquirir esos hábitos amorosos de ir alternando nuestros papeles de amante y amado; hábito tan beneficioso para nosotros y para quienes nos rodean.

Cuando el amor va creciendo disminuyen los temores. Si la relación amorosa colma la afectividad de los amantes, da sentido a su vida, cualquier otra relación tendrá menos importancia que la suya, por eso los amantes no tienen miedo.

 

 

Este artículo está extraído del libro “60 preguntas sobre el amor“.

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