Diálogo y comunicación

Todos estamos recibiendo continuamente información y transmitimos siempre algo, aunque sea de forma inconsciente; pero no siempre estamos dialogando.

Imágenes de nuestro alrededor, ya sean anuncios publicitarios o naturaleza que nos rodea, nos transmiten información (los anuncios nos invitan a comprar algo y, por ejemplo, las flores nos indican que ya ha llegado la primavera); también pueden ser sonidos los que nos indiquen algo (un trueno nos avisa que se avecina tormenta; un timbre, que llega alguien a casa, etc.). En estos casos simplemente recibimos una información y nosotros podemos responder a ella confirmando que la hemos recibido, pero esta alternancia entre el emisor y el receptor tendrá un límite, no se alargará en el tiempo.

En el caso del timbre responderemos abriendo la puerta, pero nos podemos llevar la grata sorpresa de que es un amigo que viene a vernos; entonces podemos ofrecerle algo para demostrarle nuestra hospitalidad y pasar un rato agradable juntos. Aquí ya empezamos a ver la diferencia entre comunicación y diálogo, en este no hay un límite de tiempo; aunque solo pase una hora en nuestra casa, seguiremos en contacto de vez en cuando. Aunque la alternancia sea más a largo plazo, no se acaba.

También podría ocurrir que al abrir la puerta nos encontremos al cartero. Puede haber una alternancia en la transmisión de información, pero en un tiempo limitado y, además, el contenido de esa comunicación será meramente funcional. Cuando dos amigos están juntos se transmiten afectos, penas, alegrías…  El contenido de la información que se transmite en un diálogo afectará más a nuestra afectividad que una simple comunicación.

Pero lo más importante del diálogo es que sus características coinciden con una relación amorosa. Es una alternancia ilimitada de los papeles de amante y amado entre dos personas que se conocen, se dominan para respetarse mutuamente y buscan el bien común. Si eliminamos alguna de estas características se romperá el diálogo o, lo que es lo mismo, se acabará el amor.

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