Amor y sabiduría

¡Han sido unas vacaciones maravillosas!

Este comentario y otros parecidos se han oído este año, marcado por una pandemia que ha conseguido paralizar el mundo. Lo curioso es que las personas que habían disfrutado tanto estos días de vacaciones habían estado en su casa, algún día una salida al campo o a visitar un familiar, algunos en un apartamento en la playa, pero sin moverse del pueblo, la justa vida social…, planes que otras personas pueden pensar: ¡menudo aburrimiento!

¿Por qué unas personas necesitan tan poco y otras no saben distraerse sin planes extraordinarios?

Todo se aprende. Si desde que éramos pequeños estamos acostumbrados a grandes viajes en verano, seguramente es lo que querremos hacer cuando lleguen las vacaciones. Los viajes, o actividades organizadas, suelen caracterizarse por las novedades: sitios desconocidos, culturas exóticas, gente nueva…, nuevas emociones todos los días. Simplemente hay que dejarse llevar por estas novedades y emociones que nos ofrecen; no es necesario pensar mucho en qué vamos a hacer; al fin y al cabo, estamos de vacaciones y estas son para descansar.

Este año están muy limitados los viajes y las actividades sociales. Muchas personas han tenido unas vacaciones muy tranquilas, unos porque ya es su forma normal de pasarlas; otros, porque no han tenido otro remedio. Seguramente han disfrutado más los primeros que los segundos, porque ya estaban acostumbrados a este estilo de vida.

Este estilo de vida tranquila requiere saber descubrir la belleza de todo lo que tenemos a mano y disfrutar saboreándolo, empezando por nuestra familia. Si normalmente nos preocupamos de cuidar nuestras relaciones, cada vez nos costará menos hacer la vida agradable a los nuestros, sorprenderles con detalles imprevistos o pasar por alto pequeñas desavenencias. El amor también se aprende. Pero el amor también se refleja en el cuidado de las cosas; por ejemplo, en estas temporadas caseras muchas personas han disfrutado arreglando su casa, cuidando las plantas de la terraza, reorganizando los muebles para hacer más acogedora una habitación, haciendo “bricolaje” … El amor es creativo.

Cuando vivimos y disfrutamos de esta forma sencilla nos vamos haciendo sabios, porque la verdadera sabiduría es la capacidad de apreciar, de saborear lo bueno, lo verdaderamente importante.

La sabiduría siempre se ha asociado a personas mayores porque esta se va adquiriendo con el paso del tiempo. La sabiduría también se aprende. A medida que nos vamos haciendo sabios sabremos encontrar el lado bueno de todas las situaciones y saborearlo, disfrutaremos con muy poco. El amor es sabio.

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