Diversidad, riqueza y alternancia

Cuando pensamos en diversidad nos viene a la cabeza riqueza, abundancia de cosas distintas. La naturaleza es muy rica, hay una gran abundancia de distintas especies, tanto animales como vegetales; incluso hay diversidad dentro de las mismas especies. Las relaciones entre las especies, y de estas con el medio, es lo que hace que funcionen los ecosistemas; en otras palabras, lo que facilita que haya vida en el mundo.

El hombre debe velar por conservar esta biodiversidad y actualmente hay una gran conciencia social por cuidar la naturaleza. Pero no debemos olvidar que el hombre está inmerso en la naturaleza y también aporta diversidad, tanto a nivel biológico como cultural, por lo que debemos velar por protegerla y respetarla.

Es obvio que existen varias razas humanas, que suelen estar ligadas a distintas culturas. Sin duda esto es una gran riqueza ya que aporta abundancia de maneras de relacionarse, de formas de preparar alimentos, de tipos de viviendas, de costumbres familiares, de adaptarse a los diferentes climas, de maneras de aprovechar la agricultura y la ganadería, etc. Con la facilidad en la movilidad que tenemos actualmente podemos disfrutar fácilmente de esta gran diversidad. En general, a todos nos gusta viajar y conocer nuevos sitios, no solo por la belleza de la naturaleza sino también por las diferencias culturales con sus gentes; siempre aprendemos algo nuevo, nos enriquece ir aportando cosas nuevas a nuestra vida.

Gracias a esta facilidad en la movilidad, conocemos mucho mejor las distintas culturas, pero es importante también conservarlas, no dejar que algunas se pierdan, o intentar cambiarlas porque creemos que la nuestra es mejor, ya que entonces nos empobreceríamos.

Estos son ejemplos de diversidad a gran escala, pero también es importante (o quizá más) cuidar la diversidad a pequeña escala.

Los ecosistemas más diversos son los que mejor resisten a la tensión medioambiental y son más productivos. Todas las especies que forman los ecosistemas son importantes para su funcionamiento, por muy insignificantes que nos parezcan a nosotros, incluso aunque no las veamos.

Todas las personas formamos parte de varios ecosistemas afectivos, el más importante es la familia, y dentro de ellos también encontramos abundancia de diferencias. Además de diferencias físicas, unos somos más habladores que otros, más o menos chistosos, más ágiles o torpes, más habilidosos para algunas tareas…, si fuéramos todos iguales poco podríamos compartir y no sería muy necesaria la cooperación. Todas estas diferencias facilitan la complementariedad y la alternancia en las relaciones y contribuyen al bienestar afectivo.

Igual que la diversidad cultural es una gran riqueza, la abundancia de pequeñas diferencias entre nuestro pequeño círculo de personas también lo es, ya que facilita que podamos relacionarnos con alternancia entre dar y recibir.

Artículos, ,