Regalar y sorprender

Cuando en estas fechas veo las tiendas llenas de gente comprando regalos me acuerdo de una abuela (bueno, bisabuela), a la que tuve la suerte de conocer. Todas las navidades hacía un regalo a cada uno de sus nietos y bisnietos, que no eran pocos. Pero el mérito no está en hacer una cantidad considerable de regalos, si no en que los hacía ella y estaban personalizados. Por ejemplo, a una nieta, que era una mamá joven, le bordó sus iniciales en una toalla blanca de lavabo; a varios bisnietos, de entre uno y diez años, les hizo unos peúcos de lana, cada uno proporcionado con el tamaño del niño; a una bisnieta de cuatro años le hizo una muñequita de trapo, etc. A veces regalaba algún pequeño recuerdo de familia que ella tenía guardado en su casa, sobre todo a los nietos mayores, que ya eran padres de familia.

A veces estos regalos dejaban un poco sorprendidos a los que lo recibían, sobre todo a los niños (por ejemplo al recibir los peúcos). Pero todos estaban cargados de cariño, este era su gran valor, se había pasado meses pensando en cada uno de los miembros de su gran familia y dedicándoles tiempo para después sorprenderles. Aunque algunas veces estos regalos quedaron arrinconados, todos conservan un gran recuerdo de ella y del gran cariño que ponía en sus regalos, algunos de los cuales se guardan como un tesoro.

Quizá ella no se daba cuenta, pero estaba dando una lección a todos de lo que es el amor: pensar en lo que conviene a sus seres queridos, poner esfuerzo para llevarlo a cabo y después recibir la gratificación de ser correspondida. La verdad es que a ella no le costaba mucho esfuerzo; es más, disfrutaba haciéndolo. Esto es debido a que llevaba toda la vida dedicada a la familia, todos los días su trabajo era pensar en ellos para hacer lo que fuera mejor para ellos: la comida, la compra o el orden de su casa. Había conseguido crear un estilo de vida donde lo que le daba sentido era pensar en los demás.

Por el contrario, otra persona me comentaba que ella siempre daba dinero a sus nietos para que ellos se compraran lo que quisieran. También sin darse cuenta, estaba fomentando en ellos el satisfacerse caprichos. Con los ritmos de vida que llevamos actualmente parece que es mucho más fácil seguir el segundo ejemplo que el primero, pero tenemos que procurar tener tiempo para nuestra familia y así conocerles mejor y poder sorprenderles. Los regalos no son para cumplir o para quedar bien, son un signo de nuestro cariño hacia otras personas.

 

(Artículo anteriormente publicado en la revista “Selección Literaria” nº 69)

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One Comment

  1. Estoy muy de acuerdo en que lo bonito al hacer un regalo es dedicar tiempo y pensar en esos familiares en concreto. La gracia de los regalos está en el cariño, y ese cariño está en las cosas pequeñas, y esa abuelita seguro que dejará huella en sus hijos y nietos.

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