Controlar emociones

En un colegio estaban vacunando a los niños de cierto curso; todos en cola aguardaban su turno e iban pasando uno a uno a que les pusieran una inyección en el brazo con dicha vacuna. Uno de los alumnos enseguida empezó a gritar y a llorar porque, según decía, le dolía mucho, tuvieron que sujetarle entre dos personas y costó un poco más de lo normal administrarle correctamente la vacuna.  El siguiente turno era esperado por la enfermera con cierta ansiedad, deseando que fuera más tranquilo. Efectivamente, el niño no se movió ni se quejó y fue un alivio para la enfermera y ayudantes; al acabar le preguntaron: “¿no te ha dolido? A lo que el niño contestó: “si, pero me he aguantado. Así pasa más rápido, de todas formas, me la tenían que poner ¿no?”

Los dos niños sintieron la misma emoción, dolor; pero fue muy diferente la forma de actuar de uno y del otro. También fue diferente la reacción que provocaron en las personas que los atendían. A ninguno de los dos les gustaba tener dolor, como a cualquier persona, no es una sensación agradable. El primero seguramente no estaba muy acostumbrado a hacer cosas que no le apetecen, a comer de todo aunque no le guste, a esperar pacientemente a que le atiendan…, debía estar más “mimado” que el segundo; el resultado es que quería evitar pasar por ese dolor y tuvieron que ponerle la vacuna a la fuerza, provocando una situación desagradable para todos. El segundo, sin proponérselo, facilitó el trabajo y ayudó a mejorar el ambiente.

Esto es solo un ejemplo, pero todas las personas estamos sintiendo continuamente emociones y, dependiendo de nuestra forma de responder a ellas, serán muy diferentes nuestras acciones y, consecuentemente, las reacciones que provoquemos en el ambiente.

Todas nuestras acciones, ya sean internas o externas, son muy diferentes según la motivación que la provoca, según los móviles internos. Podemos actuar alimentando nuestro interés o pensando en las personas con las que nos relacionamos; en definitiva, amando. En este caso se fomentarán relaciones sostenibles, se podrán mantener durante largo tiempo sin dañar el ambiente.

Cualquier emoción en sí misma no es buena ni mala, positiva ni negativa. Lo que hará que la consideremos positiva o negativa será la forma de gestionarla. Si ante ella reaccionamos con una conducta abierta, pensando más en hacer la vida agradable que en nuestro propio bienestar, entonces estaremos ayudando a fomentar relaciones saludables, sostenibles y mantendremos el ambiente limpio, sin contaminar.

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