Comunicación y diálogo

Los idiomas son las lenguas propias de cada pueblo o nación, o de varios. Gracias al idioma propio de una zona nos podemos entender y comunicar con cualquier persona, aunque no nos conozcamos; además de comunicarnos con las personas de nuestro entorno, podemos pedir ayuda en la calle, entablar una conversación con alguien que acabamos de conocer, presentar una sugerencia ante un organismo oficial, etc. El idioma es común a todos los habitantes.

Los lenguajes van más allá de los idiomas, son los conjuntos de señales con que manifestamos lo que pensamos o sentimos. Cuando utilizamos el lenguaje verbal (o escrito) lo hacemos utilizando el idioma propio de nuestro país o el de nuestro interlocutor. Pero existen otros lenguajes con los que podemos expresar nuestros sentimientos y son más o menos comunes a todas las personas; normalmente no los utilizamos de forma aislada, van juntos formando un paquete de información.

El lenguaje de los gestos es muy común que acompañe al verbal. A la vez que hablamos solemos gesticular con las manos o con la cara; por ejemplo, sonreír. Estos gestos transmiten mucha información, no es lo mismo decir algo sonriendo que llorando; además, la información que transmiten es de tipo afectiva, reflejan nuestros sentimientos o estados de ánimo.

Con la actitud también transmitimos algo y, a veces, no coincide con el mensaje verbal. Por ejemplo, un padre le dice a su hijo “sí, sí, te escucho” pero mientras no levanta la vista de su lectura; el mensaje que recibe el hijo no es precisamente que su padre le presta mucha atención. Esto ocurre porque con nuestros gestos y actitudes transmitimos más afecto que con las palabras, dejan una huella más marcada en quien lo recibe. Estos dos lenguajes nos ayudan en las relaciones más íntimas; podemos ver cómo cada familia tiene un sello propio, un estilo que se va adquiriendo gracias a sus costumbres y maneras de hacer propias.

Pero hay otro lenguaje más íntimo con el que transmitimos mucho afecto, es el de los cuerpos o sexualidad. Cada matrimonio crea un lenguaje propio y exclusivo, con él solo dialogan ellos dos, es el lenguaje propio de los amantes.

Para comunicarnos, simplemente transmitir una información, utilizamos el idioma que permita entendernos con todas las personas que nos escuchan, que pueden ser muchas. Para dialogar, tener un intercambio de ideas y afectos de forma alternativa y perdurable en el tiempo, es necesario utilizar los demás lenguajes; además, no podremos hacerlo con muchas personas a la vez. Cuanto más íntima sea la relación más importancia tendrán los lenguajes de los hechos y corporal para mantener un diálogo que permita fortalecerla.

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