Tiempo para la familia

Tenemos bien experimentado que cuanto más tiempo tenemos, menos lo aprovechamos; y cuando tenemos muy poco tiempo, aprovechamos los pocos minutos libres que tenemos para hacer algo.

Ante un día con pocas tareas pensamos: “no hace falta que corra, tengo todo el día por delante” y a veces al finalizar el día nos sorprendemos de que no hemos podido acabar lo que teníamos previsto. Esto nos ocurre a todos, a los mayores y a los pequeños; por lo que sería un buen objetivo para los padres enseñar a sus hijos a aprovechar bien el tiempo. Pero ¿cómo? Pues como en cualquier aprendizaje, lo mejor es con el ejemplo.

En general, casi todos llevamos unos ritmos de vida muy acelerados, hacemos muchas cosas durante el día: además de jornadas completas de trabajo, los tiempos que dedicamos a los desplazamientos, a veces estudiar algún idioma o practicar algún deporte, tareas domésticas, etc., podríamos decir que no lo podemos aprovechar mejor. Entre tanta actividad, nos parece que estar un rato relajados en casa con la familia es perder el tiempo, no es productivo; cuando en realidad es una actividad muy productiva si queremos que en nuestra familia haya un buen ambiente y nuestros hijos maduren confiados y felices.

El mejor ejemplo que podemos dar a los hijos es el de unas buenas relaciones entre nosotros, pensando siempre en las necesidades de nuestros seres queridos e intentando sorprenderles, algo que solo podremos conseguir si estamos relajados. Aprovechar el tiempo no es lo mismo que caer en el activismo. Si tenemos tantas actividades que vamos siempre con prisas no podremos prestar atención a nuestro alrededor, pero si procuramos dedicar todos los días un tiempo a estar con la familia, los conoceremos mejor y sabremos detectar lo que necesitan.

Cuando nos acostumbramos a mirar con calma a nuestro alrededor aprovechamos mejor el tiempo, lo dedicamos a lo más necesario, a fomentar relaciones amorosas caracterizadas por buscar siempre lo mejor para nuestros seres queridos, son productivas. Cuando estamos pendientes de satisfacer a los demás en vez de satisfacernos a nosotros mismos siempre tenemos algo que hacer, aunque aparentemente no tengamos ninguna tarea se nos ocurre la manera de hacerles  la vida más agradable, incluso con pequeños detalles. Si queremos aprovechar bien el tiempo tendremos que “perderlo” todos los días un rato con la familia.

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