Familia vacaiones

Ya hemos entrado en el verano, una época que todos esperamos con ilusión pero en la que a veces se hace difícil la convivencia familiar. Los niños y estudiantes ya llevan casi un mes de vacaciones; ahora hay una gran oferta de actividades para ellos, ya sea en los mismos colegios, ayuntamientos, clubes deportivos, etc., incluso voluntariados para los jóvenes. Algunos padres hacen jornada intensiva en el mes de julio o durante la época de verano en que no tengan vacaciones. Aunque toda la familia tenga ocupaciones, no llevamos el mismo ritmo que durante todo el curso escolar.

Cuando llegan las vacaciones familiares, normalmente cesan todas esas actividades y aprovechamos para estar todos juntos en algún lugar de veraneo, hacer algún viaje o simplemente quedarnos en casa y descansar de los horarios rígidos y ajetreos del curso.

Hemos pasado once meses en los que no todos los miembros de la familia hacíamos el mismo horario, incluso a veces de lunes a viernes era muy difícil reunirse toda la familia en algún momento. Ahora estamos todos de vacaciones y se modifican todos los horarios para tener uno familiar, dentro de lo posible según las edades; nuestros ritmos se tienen que sincronizar. Todos queremos descansar y “desconectar” de los problemas, asignaturas…, y nos planteamos una manera de hacerlo que a veces choca con los planteamientos de los demás, entonces empieza a haber roces en la convivencia.

Estos roces se pueden ir acumulando y haciendo que la convivencia no sea tan fácil como esperábamos. A veces se oyen comentarios de padres o madres de familia que antes de que se acabe el mes de vacaciones ya están deseando volver al trabajo para no pasar tantas horas con la familia.

Esta realidad que acabamos de describir a menudo se olvida una vez hemos vuelto al trabajo y a la rutina del día a día, entonces nos la volvemos a encontrar al cabo de un año: forma parte de las vacaciones, es inevitable. Pero si procuramos tenerla presente durante el curso, entonces si se podrá evitar. En cualquier época del año y situación podemos intentar sincronizar nuestros ritmos, sobre todo los del padre y la madre de la familia, que en definitiva son ellos los que tienen que marcar el ritmo familiar a los hijos. Todos necesitamos llenar nuestra afectividad con ratos tranquilos y agradables en los que nos sintamos queridos; es muy beneficioso buscar pequeñas “vacaciones”, incluso diarias, en las que nos encontremos todos sin prisas ni agobios. Además estas nos pueden servir para preparar la convivencia en las temporadas largas de vacaciones anuales ya que habremos adquirido el hábito de sincronizar nuestros ritmos.

Las claves de la convivencia veraniega no pasan por hacer ninguna actividad especial, sino por pensar en nuestros seres queridos durante todo el año. Si ahora nos encontramos con el problema podremos mitigarlo buscando lo que más conviene a los demás, sobre todo a mi cónyuge y siempre nos ayudarán el respeto y la buena educación.

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