Vacío afectivo

Una persona o cosa llama la atención cuando provoca que nos fijemos en ella, que pongamos nuestra atención allí. Si la llamada de atención proviene de una persona, nos afectará más o menos dependiendo de la relación que tengamos con ella. Un desconocido puede sorprendernos agradablemente y hacernos sonreír, puede movernos a compasión y a intentar ayudarle, etc., pero normalmente estos “toques de atención” no afectarán a nuestras relaciones cotidianas o familiares.

A veces es un hijo el que reclama nuestra atención, entonces suele ser una manera de decirnos que necesitan algo, normalmente cariño, tiempo, disponibilidad… Cuando son pequeños a veces su manera de reclamar algo es con una rabieta; en este caso suele ser porque nosotros no queremos darle lo que pide y, como sabe que nos pone nerviosos tenerlo al lado llorando y gritando, juega a ver quien se cansa antes: si somos nosotros, conseguirá lo que quería.

Cuando son un poco más mayores, a veces se pelean con algún hermano y exageran lo ocurrido para que nos pongamos de su parte, buscan un reconocimiento de su actitud.

Cuando llega la adolescencia no van a ser menos, siguen reclamando nuestra atención y, según el éxito conseguido en las etapas anteriores, pondrán más o menos empeño en ello. Nos llamarán más la atención cuanto mayor sea el hueco afectivo que necesitan llenar. A veces ven un ambiente tan distinto en casa y fuera de ella, que tienen dos referentes y tienen que decidir por cuál optar. Se decidirán por aquél que más les satisfaga afectivamente.

Paradójicamente, a la vez que en casa se diferencian, les gusta ser aceptados por su grupo de amigos y para ello tienen que ser como ellos, ahí no pueden ser distintos. No son incompatibles, son dos maneras diferentes de manifestar una carencia afectiva que buscan llenar. Si con sus amigos no siguen la moda se arriesgan a no ser aceptados en el grupo y lo que más temen es la soledad. Ellos solo buscan ser aceptados como adultos.

Si estas llamadas de atención en los adolescentes son un problema afectivo, la solución tendrá que pasar por cuidar y fomentar los únicos amores capaces de llenar nuestra afectividad: conyugal, amistad y amor a Dios. En la familia podemos encontrar estos tres amores, así que no tenemos muy lejos el lugar donde poner los esfuerzos para ayudarles a madurar. No olvidemos que nunca es tarde para amar.

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