Maduración hijos

Todos los padres queremos lo mejor para nuestros hijos y, a ser posible, que no les falte nada. Cuando son pequeños nos preocupamos por su salud, es lógico, no fallamos a ninguna revisión médica ni a ninguna vacunación; después procuramos que vayan a un buen colegio, es muy importante su aprendizaje; también nos gustaría que supieran idiomas, les facilitará la vida en este mundo globalizado donde hay tanta movilidad; también es bueno que practiquen algún deporte, les ayudará a mantenerse en forma; que estudien una carrera en una buena universidad esperamos que les ayude a encontrar un buen trabajo y tener una buena trayectoria profesional.

¿Necesitan algo más? Lo cierto es que es muy bueno querer lo mejor para ellos, pero no tenemos la garantía de conseguirlo y, a veces, una vez conseguido nuestro objetivo ocurre algún imprevisto que nos lo echa por tierra; por ejemplo, un accidente, una enfermedad grave, un despido, etc. Son situaciones que no están en nuestras manos, por mucho que nosotros nos empeñemos, no las podemos evitar.

Pensando en sus necesidades, ya lo dice la canción popular: “salud, dinero y amor”. Pero creo que el orden no es correcto, el amor debería estar el primero ya que es lo más necesario y lo único que está verdaderamente en nuestras manos.

Si cuidamos nuestras relaciones para que crezcan en un ambiente amoroso, ellos aprenderán a relacionarse también así, será lo que les ayude a madurar y más adelante a saber desenvolverse en los distintos ambientes en los que tengan que moverse.

La forma de relacionarnos no depende de nuestra salud ni riquezas, unas veces nos puede costar más que otras, pero siempre podemos pensar en lo más conveniente para los que nos rodean y actuar utilizando la inteligencia y la voluntad. Si conseguimos crear un estilo de vida amoroso, nuestros hijos se empaparán de él y les estaremos dando lo que más necesitan, algo que no les podrá quitar ningún imprevisto.

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