Educación hijos

“Pero ¿de dónde saca este niño estas ideas? Ninguno de los dos pensamos así”.

“Coge bien los cubiertos ¿Cuándo has visto en esta familia comer así?”

“Menudo comportamiento ¡con lo que nos cuesta este colegio!”

Estas u otras parecidas son las expresiones que a menudo se oyen a padres de familia, preocupados porque ven que la educación de sus hijos no la controlan, se les está escapando de las manos. Nuestros hijos aprenden lo que ven a su alrededor, todo lo que ocurre en su entorno cotidiano se va grabando en su cerebro y, si algunos comportamientos, vocabularios, gestos, etc. se repiten a menudo, acumulan tantas imágenes que para ellos llega a ser lo normal, es lo que han aprendido.

De lunes a viernes pasan la mayor parte del día en el colegio, cuando acaba el horario escolar pueden tener actividades extraescolares y llegan a casa para cenar y acostarse, porque al día siguiente hay que madrugar. Si los dos padres trabajan fuera de casa esta organización es un alivio, porque así sus hijos no pasan ningún rato solos, siempre hay alguien que se ocupa de ellos.

Luego llega el fin de semana y como muchas veces las extraescolares son algún deporte, tenemos que acompañarlos a los partidos que se organizan. Si solo es un hijo, puede ser bastante llevadero, pero a medida que aumenta la familia, se puede convertir en una carrera de obstáculos agotadora, sobre todo si no todos hacen el mismo deporte. Además mientras juegan ese partido puede ser un buen momento para ir a la compra que no hemos podido hacer entre semana o algún otro quehacer. Por la tarde, es normal que queden con amigos a jugar en su casa, estudiar o salir a dar una vuelta por la calle.

Podríamos seguir imaginándonos situaciones en las que muchos nos veríamos reflejados, pero en vez de eso deberíamos reflexionar con quién pasan la mayoría de su tiempo y si sabemos lo que se está grabando en sus cerebros, qué es lo que están aprendiendo.

Las horas de colegio son inevitables, pero podemos escoger y conocer el colegio donde los llevamos. Alguna actividad extraescolar a veces puede ir bien, pero sin agobiar y también sabiendo bien donde los llevamos; una buena ayuda sería unificarlas, si cada hijo hace algo distinto la logística se complica y, además, no unificamos criterios, cada uno recibe una formación distinta, tienen diferentes referentes.

Una buena ayuda son las actividades familiares, pasar el tiempo de ocio en familia. Buscar alguna afición familiar e inculcársela desde pequeños da muy buen resultado, tiene beneficios para todos: los padres vamos más relajados; les estamos transmitiendo, de una forma gratificante, nuestro estilo de vida; reciben muchas más imágenes de nuestro amor que de otras personas que no sabemos cómo se comportan; les da seguridad sentir que forman parte de una familia con una identidad muy clara, etc. Aunque suponga un esfuerzo, si queremos educarlos nosotros debemos pasar el máximo de tiempo con ellos.

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