Aprender a relacionarse jugando

Son inseparables los niños y los juegos, se pasarían todo el día jugando sin cansarse. No es normal ver a un niño ocioso, sin hacer nada; se podría decir que necesitan el juego. Efectivamente, jugar les ayuda a su desarrollo: se fortalecen ya que muchas veces va acompañado de movimiento, fomentan la creatividad, aprenden a relacionarse, etc. Según el tipo de juego se desarrolla más una faceta u otra.

A veces oímos a padres que se quejan de que sus hijos no juegan como jugaban ellos cuando eran pequeños, que están demasiado pendientes de las “máquinas” en vez de correr al aire libre. Incluso se oye: “este niño no sabe jugar”. Pero sí que sabe, cuando está “pegado” a una pantalla está jugando; lo que ocurre es que han cambiado los modelos que tiene a su alrededor y, quizá, tienen demasiados modelos virtuales, con el peligro de no estar en contacto con la realidad; algo que no les ayudará a aprender a relacionarse y a madurar.

Los niños se fijan mucho en las personas que tienen a su alrededor y las imitan. En una misma familia todos sus miembros no solo se parecen físicamente sino también en su manera de hablar, de moverse o en los gestos. Nuestras costumbres también influirán en sus juegos; si los fines de semana, aunque estemos cansados, procuramos salir con ellos de excursión o cualquier actividad fuera de casa sin duda jugarán menos con las máquinas que si nos quedamos en casa descansando y dejamos que ellos se entretengan solos.

Si nos preocupamos de que aprendan a hablar, a andar, más tarde a estudiar, a hablar idiomas, etc. también deberíamos preocuparnos de que sus juegos les ayuden a madurar. Para esto pensemos qué modelos les estamos dando, no solo con nuestras relaciones en casa sino también en el colegio, en la televisión o en las actividades extraescolares; como nos relacionemos nosotros, se relacionarán ellos en sus juegos.

Pero además también es importante nuestra implicación. Podríamos hablar de dos tipos de implicaciones, una indirecta, cuando no jugamos directamente con ellos pero les favorecemos el ambiente, y otra directa, cuando jugamos con ellos; por ejemplo a juegos de mesa en familia que, aunque no estén de moda, siguen teniendo muchos beneficios como aprender a aceptar las normas, acostumbrarse a tener paciencia mientras no te llega el turno o no enfadarse si pierdes.

El tipo de juego de los niños puede decir mucho del ambiente que tiene a su alrededor.

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