Sinceridad

“Lo que más me duele es que no me diga la verdad” ¡Cuántas veces hemos dicho u oído esta frase! Si alguien nos miente nos duele, provoca una herida en nuestra afectividad; pero nos duele más cuando es una persona querida, sobre todo de nuestra propia familia. La sinceridad nos da confianza, por eso cuando falta estamos intranquilos.

Si queremos que nuestros hijos sean sinceros debemos enseñarles a serlo. Como todo lo que aprenden, será porque tienen buenos ejemplos que seguir, de nada sirven los discursos si no somos coherentes, si nosotros no cumplimos lo que decimos. Pero también debemos ser coherentes con los distintos lenguajes que utilizamos, además del verbal con nuestro comportamiento. En la familia hay un diálogo continuo entre todos los miembros que la componen y para que este diálogo sea continuo siempre se tiene que buscar el bien de todos; en el momento en que alguien miente se rompe el diálogo.

La sinceridad no consiste solo en no decir mentiras, también se trata de no esconder nada. A veces se oye que no contarlo todo no es mentir. Puede que no sea mentir con palabras, pero sí con hechos, con el silencio, con nuestro comportamiento. El no contar algo socava la confianza y esto va deteriorando la relación. Con el comportamiento transmitimos más afecto que con las palabras, por lo tanto puede ser más grave el no contarlo todo que decir un día una mentira. Una mentira aislada lo normal es que se descubra al poco tiempo, “antes se atrapa a un mentiroso que a un cojo”, pero algo que se oculta pude significar estar mintiendo durante una temporada más o menos prolongada. En el primer caso será más fácil pedir perdón y curar la herida que se haya podido provocar ya que habrá sido algo puntual. En el segundo caso, durante todo el tiempo que dure la “ocultación” es como si estuviéramos mintiendo continuamente, la herida será más grande y, lo que es peor, nos podemos acostumbrar a ese comportamiento llegando a creer que hacemos bien.

La mentira, ya sea verbal o silenciosa, además de provocar una herida en la afectividad de la persona engañada deteriora las relaciones con toda la familia, en el fondo sabemos que hacemos algo no del todo correcto y esto se refleja en nuestro comportamiento. Por el entramado de relaciones que se forman en la familia estará circulando un “contaminante” que deteriorará el ambiente.

Si tenemos que dar ejemplo a nuestros hijos es importante ser muy cuidadosos. Tienen que ver en sus padres una total transparencia y complicidad, y ser transparente consiste más en no tapar que querer hacer ver.  Les dará la gran tranquilidad de saber que intentamos prepararles un camino recto con el mínimo de perturbaciones, aunque no siempre lo consigamos.

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