Tiempo, prisa, vínculos

A todos nos gustaría tener más tiempo. Tiempo para descansar, para pasear, para nuestra afición, para estar con la familia…, o simplemente para llevar una vida más relajada. El caso es que muy a menudo se escucha la expresión “no tengo tiempo”.

Ahora está bien visto hacer muchas cosas, tener unos horarios apretados de trabajo, actividades sociales, deporte, etc.; queda bien decir a alguien: no tengo tiempo. Le estás comunicando que eres una persona ocupada, bien integrada en la sociedad. Pero muchas veces esta expresión la utilizamos como excusa para no comprometernos, sobre todo si nos piden que colaboremos en algo que supone cambiar nuestra cómoda rutina. A veces incluso es un amigo el que nos pide ayuda y no se la negamos, pero cuando vemos que nos tenemos que comprometer más de lo que pensábamos al principio, entonces es fácil cambiar de opinión con la excusa de la falta de tiempo.

También nos puede pasar que no sabemos qué hacer cuando tenemos tiempo. Estamos tan acostumbrados a llevar una vida ajetreada que nos da miedo pasar mucho rato con otras personas, por ejemplo con la familia; esto supone estar pendiente de ellas, ver qué necesitan, no preocuparme tanto por lo que a mí me apetece ¡incluso tendremos tiempo para pensar! Cuando nos ocurre esto, estos ratos “con tiempo” se nos hacen interminables debido al esfuerzo que tenemos que hacer, no estamos acostumbrados, entonces no disfrutamos. No se trata de estar sin hacer nada en esos ratos, lo importante es compartir algo con los demás. Podemos compartir aficiones, pero también proyectos, ilusiones, preocupaciones…, entonces también habrá intercambio de afectos e iremos creando vínculos, unos vínculos que permanecerán con el paso del tiempo.

Si cuando alguien nos pide un poco de nuestro tiempo nos ponemos en su lugar e intentamos comprender sus necesidades, entonces lo pensaremos un poco mejor antes de contestarle “no tengo tiempo”.

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