¿Es lo mismo normal que frecuente? Podemos pensar que es normal hablar por teléfono por la calle porque la mayoría de la gente lo hace, o que no es normal llevar sombrero de copa porque nadie lo lleva. Cuando se pone de moda algo, como por ejemplo una prenda de vestir, aunque al principio no nos guste nos vamos acostumbrando a ella y suele acabar gustándonos; esto ocurre porque en nuestro cerebro se han grabado tantas imágenes suyas que ya lo reconocemos como algo “familiar”.

Lo contrario ocurre cuando sacamos del armario una prenda de hace bastantes años y pensamos “¿cómo podía ponerme esto?”. Sus imágenes han quedado arrinconadas y en su lugar hemos acumulado otras distintas.

Seguir las modas, ya sean en el vestir, en los coches o incluso en comportamientos, es un fenómeno de acumulación y acostumbramiento; seguir una moda es usar o hacer algo que muchas personas también lo hacen, es frecuente verlo a nuestro alrededor, independientemente de que sea normal o no.

Algo es normal cuando está en su estado natural, es su estado idóneo. Por ejemplo, es normal que los perros caminen a cuatro patas. Se podría poner de moda enseñarles a caminar sobre dos patas, pero no es su estado natural y, si les hacemos caminar así mucho tiempo, seguramente será perjudicial, les puede causar algún trastorno. Ocurre como cuando utilizamos algún utensilio para una función distinta de la suya: se suele estropear; por ejemplo, un cuchillo como destornillador acabará mellándose.

Las personas también tenemos un comportamiento normal, propio de nuestra naturaleza: el amoroso. Cuando actuamos pensando en el bien de los que tenemos cerca (aunque no esté de moda) nuestro organismo funciona mejor, ya que se encuentra en su estado natural, y es cuando tenemos bienestar afectivo. Por el contrario, si buscamos satisfacernos nosotros mismos siguiendo modas atractivas pero no acordes con nuestra naturaleza, entonces nuestro organismo se resiente, no lo estamos utilizando correctamente.

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