Pareja, identidad, cooperación

“No encuentro la pareja de este guante”, “esta mañana he visto una pareja paseando”, “aquí traigo el par de sillas que me has pedido”, “en aquel nido hay una pareja de cigüeñas”, “Pepe es mi pareja en el próximo campeonato de tenis”, “¡menudo par de pillos!”, …

En todos los casos estamos hablando de dos personas, animales o cosas ¿Qué diferencia hay entre par y pareja? Cuando decimos par es porque son totalmente iguales y pareja, cuando tienen entre sí una correlación o semejanza. Si son dos cosas, habitualmente son totalmente iguales, pero a veces tienen alguna relación, como la simetría en los guantes; en las parejas de animales ya distinguimos algunas correlaciones, o relaciones recíprocas, como el apareamiento o la colaboración; pero entre dos personas podemos encontrar una gran variedad de relaciones recíprocas.

Las relaciones recíprocas pueden darse gracias a la complementariedad; un miembro de la pareja completa lo que le falta al otro al otro y viceversa, ya que no son exactamente iguales. Un guante es para la mano derecha y el otro, para la izquierda; la complementariedad sexual permite el apareamiento; una pareja de tenistas no será igual de hábiles en las distintas jugadas. La complementariedad facilita la cooperación.

En el caso de tratarse de personas, según el tipo de correlación que haya en la pareja le damos un nombre distinto: matrimonio, novios, amigos, hermanos, vendedor y cliente, socios, vecinos, jefe y empleado, pareja deportiva o en un juego de cartas, etc. En cada caso, el tipo de relación nos da una identidad: en un matrimonio, la relación continua que tienen de dar y recibir, les proporciona la identidad de esposos; pero también pueden tener otras correlaciones con otras personas que les dará otra identidad, aunque sea pasajera, como por ejemplo, comprador, vendedor, deportista … Las personas necesitamos tener una identidad, algo que nos caracteriza frente a los demás, no nos gusta ser un número más dentro de un colectivo; en nuestras relaciones, son las otras personas las que nos proporcionan la identidad, y nosotros se la proporcionamos a ellas.

Cuando decimos “he visto una pareja paseando” es porque no los conocemos y no sabemos qué relación hay entre ellos; si los conociéramos, diríamos el nombre de la pareja, de la relación, así estaríamos identificándolos mejor. Hablar de pareja es simplemente decir que son dos personas que entre ellas hay algún tipo de correlación, pero no sabemos cuál es; y si hablamos de nosotros mismos como pareja, entonces estamos empobreciendo, o escondiendo, nuestra identidad.

Cuanto más nos llene afectivamente una relación, más identidad nos proporcionará y no querremos perderla, serán relaciones duraderas gracias a la reciprocidad y complementariedad que habrá en ellas.

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