“Mamá, ¿tú nunca te aburres?”

Esta es la pregunta que una niña le hacía a su madre en la sala de espera del médico. Había bastante gente y llevaban un buen rato esperando.

“Pues yo me estoy aburriendo, tanto rato aquí sin hacer nada.”

Durante el rato que llevaban de espera no habían hablado mucho, de vez en cuando se cruzaban las miradas y su madre siempre le sonreía, además no le había oído quejarse; en la sala había otras personas con caras largas y que se quejaban en voz alta dirigiéndose a los demás. Estaba claro que su madre no se divertía, pero tampoco parecía que se estuviera aburriendo ¿cómo era posible?

La madre de vez en cuando le decía algo a su hija, siempre en voz baja, ya fuera para distraerla o tranquilizarla; los ratos que estaba en silencio iba pensando en su hija, en los que había dejado en casa, en lo que prepararía para cenar cuando volvieran o en el fin de semana… Estaba “ocupada” pensando en los demás; aunque el médico se estaba retrasando procuraba no mirar constantemente el reloj y ponerse nerviosa, sabía que así no pasaría más rápido el tiempo.

La diferencia entre la madre y la hija es que la primera no estaba pensando en ella misma, mientras que la segunda lo único que quería era distraerse y hacer algo que le gustara. Esta actitud en los niños es normal, el pensar en los demás es propio de personas que ya han alcanzado cierta madurez y esta se va adquiriendo lentamente con el paso de los años: principalmente con el ejemplo de las personas de su familia y las cercanas (otros familiares, profesores, etc.), viendo como los demás se ocupan del bien de todos, son educados, saben ceder cuando conviene, aprovechan el tiempo…

Normalmente los padres se preocupan de que sus hijos tengan alguna afición para las épocas de vacaciones o fines de semana y esto será de gran ayuda, pero lo que realmente ayuda a nuestros hijos a no caer en el aburrimiento es el ir aprendiendo a no pensar siempre en sí mismos, no estar siempre pensando en cómo satisfacerse; y esto lo aprenderán como todo: con el ejemplo. Pero no solo el ejemplo de los mayores que le rodean, también con los comportamientos que les vayamos inculcando desde pequeños, como por ejemplo no darles “chuches” siempre que las pidan, si tienen sed por la calle acostumbrarlos a esperar a llegar a casa, si tienen un capricho ayudarles a razonar si es necesario o no, pedirles ayuda para preparar sorpresas en cumpleaños o acontecimientos familiares, etc. Nos ayudará todo lo que se nos ocurra que vaya dirigido a que se acostumbren a pensar más en los más cercanos que en ellos mismos.

Artículos, , ,