Amor y desamor

Imaginemos un grupo de niños pequeños jugando en el parque bajo la vigilancia atenta de sus madres, con sus cubos, palas, rastrillos y demás juguetes para entretenerse con la tierra. Estos niños están juntos en el mismo parterre, pero lo normal es que cada uno piense en su juego y sus cosas, no les gusta compartir; a estas edades (alrededor de dos o tres años) todavía no tienen desarrollada la capacidad de amar, no están pensando en los demás. Son frecuentes las peleas porque uno coge el juguete de otro y este, en cuanto se da cuenta, se lo quita diciendo “es mío”; ante estas situaciones las madres suelen intervenir explicándoles que deben prestar sus cosas a los demás niños, pero sin mucho éxito. Acaban yendo cada uno a su casa llorando y las madres disculpándose entre ellas.

Estos niños no actúan con mala fe, hacen lo que consideran mejor en ese momento: defender sus cosas. Algo muy legítimo.

Entre personas adultas a veces también se dan situaciones en que actuamos de manera poco amorosa, sin hacerlo de mala fe, defendiendo algo legítimo. Por ejemplo, en una pareja uno tiene ganas de descansar y quedarse en casa leyendo y el otro quiere salir a pasear, al cine o a cenar con un grupo de amigos…, si intentamos ponernos en la piel del otro, podremos hacer un esfuerzo y cambiar nuestras apetencias por sus planes; pero a veces, sin darnos cuenta, intentamos defender nuestra postura e intentar convencerle de lo que nosotros queremos sin pensar mucho en él o en ella. A veces somos testarudos, no nos gusta cambiar.

Estos pequeños detalles poco amorosos son lo que llamamos desamores y, según la reacción de cada uno, se puede entrar en una espiral de desamor. Normalmente esto ocurre cuando nos aferramos a nuestras apetencias y no queremos cambiar. Cuando nos proponen un cambio, aunque sea pequeño, la primera reacción es negarnos a él; pero si tenemos la experiencia de que la otra persona nos recompensará, valdrá la pena hacer el esfuerzo.

Para entrar en una espiral de amor en vez de desamor ayudan mucho los detalles de buena educación y respeto. Facilitan mucho la relación entre las personas porque evitan causar heridas; por ejemplo, cambia mucho decir: “¿Me puedes ayudar a recoger, por favor?”, en vez de “podrías ayudarme en vez de quedarte sentado”. No nos damos cuenta, pero tenemos tanta necesidad de sentirnos queridos, que cualquier detalle de cariño es muy beneficioso y cuesta muy poco.

 

Artículo extraído del libro “60 preguntas sobre el amor“.

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