Responsabilidad de nuestros actos

¡Yo no he sido! En una casa donde hay niños pequeños es lo primero que se oye cuando algo se rompe u ocurre algún estropicio. Desde pequeños, cuando ocurre algo que consideramos malo, enseguida nos ponemos a buscar culpables; pero claro, el culpable nunca somos nosotros mismos.

Todas nuestras acciones tienen una repercusión a nuestro alrededor, ya sea para bien o para mal. A medida que los niños crecen se van dando cuenta de esto y es normal que lo utilicen para esconder alguna trastada, gastar alguna broma e incluso gamberradas. Será un signo de madurez el que reconozcan su parte de culpa en algún suceso.

Las personas mayores se supone que ya somos maduras, pero muchas veces tenemos la tendencia a buscar culpables en todo lo que ocurre, sobre todo si está claro que no estamos implicados directamente. Esto es un signo de inmadurez, cuando actuamos así lo que buscamos es protegernos; como los niños pequeños que quieren librarse del castigo, nosotros queremos proteger nuestra afectividad, queremos ser bien vistos por nuestra sociedad, pero no estamos buscando el bien de los que tenemos cerca.

Una persona madura es aquella que con su comportamiento siempre busca el bien de las personas más cercanas y no protegerse de posibles ataques. El ideal sería que todas las personas llegaran a madurar de tal manera que si todos procuráramos el bien se evitaría que ocurrieran conflictos y actos violentos; pero para conseguir este ideal sería necesario que todos los niños tuvieran a su alrededor muchos ejemplos de buenos comportamientos, entonces madurarían más fácilmente.

Esto es una situación ideal, pero podemos ser conscientes de que en todas nuestras relaciones, tanto familiares como laborales, siempre estamos dando ejemplo a alguien, estamos influyendo en la sociedad, y siempre será para bien o para mal.

Artículos, ,