Amistad

Decimos que algo es un tesoro cuando lo valoramos mucho, ya sea por su belleza, por su precio o por los beneficios que nos aporta. ¿Por qué es tan valiosa la amistad?

Los amigos son personas con los que tenemos una relación especial, más íntima que con un simple conocido. Hace unos años no haría falta, pero ahora hay que puntualizar que no nos referimos a los “amigos” virtuales, de las redes sociales; aunque algunos pueden coincidir, los amigos son esas personas con las que tenemos un trato personal, a los que dedicamos tiempo.

A veces estamos mucho tiempo con una persona pero no somos amigos, por ejemplo sería el caso de una relación puramente laboral. Para que una relación sea de amistad es necesario que tengamos una manera de comportarnos muy concreta.

Es necesario que haya un conocimiento de las personas, y esto solo se consigue gracias al trato, a pasar tiempo juntos; por eso es frecuente que los amigos provengan de actividades que hemos realizado juntos, como estudios, trabajo, deportes, aficiones, coincidir en lugares de veraneo, etc. “El roce hace amigos”.

Fruto de este conocimiento, seremos capaces ayudar a un amigo si se encuentra en un apuro, otras veces seremos nosotros los que necesitaremos ayuda; consolarlo si está triste, o ser consolados; visitarlo si está enfermo, o recibir su visita; escucharle si necesita desahogo, o desahogarnos nosotros; compartir sus alegrías, felicitarlo en sus éxitos, celebrar cosas juntos, etc. Algunas veces nos equivocaremos y, sin querer, podemos ofenderle; entonces pediremos perdón para curar esa herida causada. También podemos ser ofendidos nosotros y entonces perdonaremos.

Si nos fijamos en estas conductas, se da una alternancia típica del cambio de roles entre amante y amado. Esto hace que esta relación vaya dejando una huella cada vez más marcada y  alimente las afectividades de los amigos. A veces pasan años sin verse, pero cuando se reencuentran es como si todo ese tiempo no hubiera pasado: la amistad vence al tiempo.

Cuando un amigo nos sorprende acordándose de nosotros en un momento de dificultad o de alegría, incluso con un reencuentro inesperado y gratificante, entonces  nos damos cuenta del valor de este “tesoro”.

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