Autoridad, obediencia

Una madre con dos hijos pequeños le decía a otra: “A mí ya no me importa que no me obedezcan mis hijos, he leído en un libro que son buenas sus rebeldías porque es señal de que afianzan su propia personalidad”. El caso es que no consiguió convencer a su amiga, que no quería ni imaginarse el caos que podía provocar en su numerosa familia esa teoría.

“¿Qué pasaría si no quisieran levantarse para llegar puntuales al colegio, o no quisieran dejar sus juegos para cenar, o no hicieran los pequeños encargos que les voy pidiendo? ¿Te imaginas el lío si cada uno hiciera lo que quisiera? ¿Crees que podría funcionar así la familia?”

A los niños pequeños les cuesta obedecer, no les gusta dejar sus juegos para hacer otra cosa que les manden (por ejemplo, ir a ducharse o a la cama), pero a medida que vayan creciendo y madurando les irá costando menos porque no querrán que sus padres se enfaden; sobre todo, si hay un buen ambiente en la familia, no querrán estropearlo. Cuando queremos a una persona no nos cuesta obedecerle porque no queremos contrariarla.

Cuando los padres se quieren los hijos van aprendiendo a comportarse de forma amorosa, van madurando y se va creando un estilo de vida amoroso en la familia; entonces es más fácil que los hijos obedezcan, ya que no quieren romper ese buen ambiente. Entonces obedecer no se ve como “acatar órdenes” sino como una colaboración, ya que todos los miembros de la familia sienten como si formaran parte de un equipo, y el éxito depende de todos, aunque a veces aparecen rebeldías.

Todos tenemos en nuestro interior un germen de rebeldía y este queda de manifiesto sobre todo en la adolescencia; en esta etapa no les gusta que nadie les diga lo que tienen que hacer, quieren ser ellos los que tomen todas sus decisiones y les parece que obedecer órdenes es cortar su libertad y personalidad. Estas rebeldías no son otra cosa que una falta de madurez y esta la irán adquiriendo a medida que se vayan empapando de las relaciones amorosas que tengan a su alrededor, principalmente en la familia, esas relaciones caracterizadas por los cambios de roles amante-amado.

Si tenemos rebeldías en nuestra familia deberemos preguntarnos qué ambiente estamos creando, como son nuestras relaciones, porque de ello dependerá que nos ganemos la autoridad y consecuentemente, que minimicemos las rebeldías. Obedecemos cuando reconocemos una autoridad en la otra persona y queremos complacerle. La obediencia está sostenida por el amor.

Más información en “Padres que dejan huella”.

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One Comment

  1. Me ha parecido muy bonita e interesante la idea de que los hijos aprendan a obedecer por agradar a los padres y la familia, y no simplemente por acatar órdenes.

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