No es nada nuevo decir que estamos en la era digital, que las nuevas tecnologías son una herramienta estupenda para compartir información y potenciar la colaboración; imprescindibles en el trabajo, ¿quién no ha oído alguna vez “lo siento, hoy no podemos hacer nada porque no funcionan los ordenadores”?; están cambiando los hábitos desde edades muy tempranas, ¿quién no ha visto a un niño muy pequeño intentando ampliar con los dedos la foto de una revista?; los jóvenes y adolescentes se comunican a una velocidad de vértigo con sus amigos, etc.

Cuando queremos saber algo sobre cualquier tema acudimos a internet; decidimos hacer un viaje y al momento podemos tener los billetes, reserva de hotel e incluso dónde comeremos; las familias que la vida ha ido separando físicamente a sus miembros pueden comunicarse fácilmente gracias a las redes sociales. Parece que todo son ventajas y que lo tenemos todo controlado, no se nos escapa nada.

¿Seguro que no se escapa nada? Tanta facilidad y rapidez es demasiado cómodo. Relacionarse es algo muy humano, pero es tan fácil enviar un “whatsapp” que puede ser una excusa para no tratarnos cara a cara, o pasamos tanto tiempo delante de la pantalla que va en detrimento del tiempo que se dedica a los más próximos. Para relacionarse hay que poner esfuerzo y tiempo.

Los adolescentes dicen que tienen muchos “amigos”, cuando en realidad son contactos. Los amigos son personas que se conocen bien, se ven con más o menos frecuencia, hacen alguna actividad juntos, se puede contar con ellos en caso de apuro u otras veces los ayudas tú con mucho gusto. En definitiva, van haciendo de “amante” y de “amado” alternativamente y este tipo de comportamiento va haciendo que nuestra afectividad esté gozosa, es el motor del aprendizaje emocional; por eso si el trato es continuado la amistad va creciendo y les gusta estar juntos, están a gusto.

La amistad no está al alcance de un clic. La única manera de conocer a una persona es mirándola a los ojos mientras le hablas, viendo cómo reacciona… El roce hace amigos. Si damos un paso más en las relaciones y pasamos al amor, además de todo lo dicho para la amistad, pero con una frecuencia más elevada en el trato, vemos que por ejemplo las caricias tampoco pueden ser virtuales. El amor tampoco está al alcance de un clic.

Las nuevas tecnologías son unas herramientas estupendas, pero no pueden sustituir a las relaciones humanas. Favorecen un individualismo que va en detrimento del aprendizaje emocional.

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